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jueves, 15 de agosto de 2024

Contra la práctica del ciudadano como botín policiaco

Contra la práctica del ciudadano como botín policiaco. Revista Siempre. Agosto de 1975.

Primer manifiesto pro-derechos homosexuales en México.

De modo permanente, aunque con periodos intensivos, varias de las policías metropolitanas se han especializado en verdaderas batidas indiscriminadas en las cuales se lesiona con brutalidad los más elementales derechos ciudadanos. Los pretextos frecuentes: disidencia política o disidencia sexual; por "subversivos" o por homosexuales. Tratándose de esto último, lo más frecuente es el asalto de transeúntes a los que se intimida y despoja.

En cualquier caso, no se deja siquiera el último recurso de la denuncia ante instancias superiores que pudieran poner fin, o al menos, reparasen en lo posible los atropellos, pues rara vez se da curso a una demanda, convirtiéndose en casi letra muerta los instrumentos legales creados para defensa del individuo ante el poder público: orden de aprehensión, amparo, demanda, etcétera.

La complacencia con que las autoridades aceptan la conducta de sus subordinados (cuando no participan directamente en estas numerosas infracciones del orden legal), ha mantenido un peligroso clima de inestabilidad que necesariamente afecta el ejercicio de las libertades ciudadanas; libertades cuya vigencia, en esferas gubernamentales superiores, se declara indudable; tanto, que aun se les exige y pregona a otros países dicho "respeto democrático"

Nunca se repetirá suficientemente que los abusos de autoridad afectan a todos los ciudadanos y no sólo a los que directamente los sufren. Es evidente que las detenciones ilegales (el ciudadano como botín) las razzias policiacas, la violación de domicilios, los golpes (y/o las torturas) a los detenidos y aun el asesinato de los mismos, la muy común extorsión y la irrupción violenta en lugares públicos con los consiguientes arrestos o encarcelamientos, deterioran y ridiculizan las garantías que el poder público le reconoce a la sociedad, conducen al sometimiento de la conciencia ciudadana y no hay mal que tolerado o auspiciado no se incremente a la multiplicación del exceso y el abuso de la policía. El resultado: suspicacia, odio, desconfianza ante los representantes de la autoridad. De ahí a empezar a tomarse lo que cada quien entienda por "justicia" en las manos no hay sino un paso.

Si ninguna aprehensión ilegal se justifica, mucho menos puede aceptarse la continuidad exacerbada de la práctica de encarcelar a quienes no cometen delito alguno pero a quienes se les supone -generalmente con fines de chantaje inmediato una determinada opción sexual. En México, la homosexualidad no constituye delito cuando se da en privado y entre adultos consensuales. De aquí se deriva que es posible acusar a una persona de violación o corrupción, mas no de ser homosexual, como no se le puede "acusar" de ser rubio, alto, zurdo o guapo, condiciones tal vez menos frecuentes que la de homosexual.

Por otra parte, la represión policiaca produce un mal aún mayor en el seno de la sociedad: acrecienta la inseguridad ciudadana en primer término, alienta la par noia anticomunista, o, en un caso no infrecuente, la homofobia, el odio irracional contra quienes practican (o se quiere suponer que practican, para mejor robarlos) una conducta sexual minoritaria. Por lo demás, está ampliamente probado que, entre otras cosas, la homofobia conduce a crímenes y violencia.

Un reciente caso de intolerancia lo vimos a las puertas mismas del auditorio donde se llevaron a cabo las sesiones del Año Internacional de la Mujer. Por esta vez no hubo sino un grupo pagado que portaba carteles insultantes y calumnias contra las mujeres homosexuales; pero es muy fácil llegar a otras acciones: el paso de la agresión verbal o escrita a la fisica suele ser instigarlo por las autoridades que permiten y llevan a cabo la continua violación de los derechos ciudadanos. Son esta participación y esta complicidad las que ayudan a promover los crímenes que luego dicen perseguir. Este círculo vicioso debilita cada vez más los derechos, garantías y libertades consagrados en la Constitución General de la República para defensa de los individuos. Por eso se puede afirmar que quien justifica tales procedimientos policiacos cuando no se afecta directamente a sus intereses, abre también el paso a la represión de otros grupos vulnerables, como son aquellos comprometidos en la creación de un partido político, un sindicato independiente o cualquiera otra opción democrática, pues estos grupos, en las circuntancias actuales, siempre serán minoritarios y perseguidos.

México, D.F., julio de 1975.

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